La resurreción huele a sangre

El pasado me brota de la frente
y se transmuta como el velo
como la pared de agua viva
que me habla del paisaje.

El pasado que me brota de la sangre
y me nazco y me renazco
y debo lidiar con el cadáver:
el yo mismo que en su último estertor
me niega el nacimiento;
entonces como él nazco muerto.

Y entre muerte y muerte
la sangre se esparce por el velo
que informa mi boca y mi silencio.
Soy la momia guardando la tumba
o el cadáver que exige la promesa
de comenzar pronto una vida.

El pasado me brota de la frente
y la sangre me viste de cadáver,
la sangre viste al muerto
a la promesa de una muerte.

¡Atento!

vives si dejas vivir
tenemos un pacto
mientras estemos despiertos.
Antes de olvidarnos: consérvate y procura
que la inmolación nos deje las cenizas:
múdate de ciudad, cambia de lectura
encuentra algún amor:
Renace a lo bonzo.

El vivo solo surge inesperado
y con su carga de espadas
nos regalará un trato de muerte sacra.

Y qué más da, si el pasado
ya nos brota de la herida
y nosotros naceremos, ya otros
cubiertos de entrañas.

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